Al menos siete personas murieron y decenas resultaron heridas este viernes en un ataque armado durante un funeral en una iglesia greco-ortodoxa de la provincia de Karak, en el sur de Jordania, a unos 180 kilómetros de Amán. Las autoridades decretaron tres días de luto nacional.

Según los primeros testimonios, los atacantes bajaron de un vehículo y abrieron fuego contra las personas que participaban de la ceremonia, dentro de la iglesia y en sus alrededores. En el lugar había entre 150 y 200 personas. Los agresores huyeron y las fuerzas de seguridad desplegaron un operativo para encontrarlos.
Imágenes difundidas por la televisión estatal muestran a varios hombres armados acercándose al templo y disparando. «Fue una situación extraña, y un intenso tiroteo», relató un testigo, que contó que los disparos empezaron unos 15 minutos después del inicio del funeral.
El ministro del Interior, Mazen al Faraya, calificó el hecho como un «ataque terrorista» y lo atribuyó a un grupo de extremistas. El ministro de Salud informó que dos de los heridos están en estado crítico.
El rey Abdalá II prometió «la represalia más dura» y llamó a la unidad: «Aquellos que se engañan pensando que pueden dividir a los jordanos con sus balas no tienen ninguna oportunidad ante nuestra unidad».
La Unión Europea condenó el «cruel atentado» y el presidente del Líbano, Joseph Aoun, lo definió como un «atentado terrorista atroz». El arzobispado greco-ortodoxo afirmó que, si el objetivo era expulsar a los cristianos del país, el ataque «solo conseguirá afianzarnos y arraigarnos aún más en esta tierra».
Este tipo de hechos es poco habitual en Jordania, un país de unos 11,5 millones de habitantes, mayoritariamente musulmán sunita, donde los cristianos representan entre el 2% y el 3% de la población.
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